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ORACIÓN

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Tal como nos enseña la tradición monástica y las disposiciones de la Iglesia, los monjes estamos llamados de modo especial a continuar en la Iglesia la oración de Cristo, tanto en la celebración de la Santa Misa y del Oficio Divino, como en las demás formas de oración, la cual debe impregnar toda nuestra vida.

 

LECTIO DIVINA

La Palabra de Dios, leída atenta y de forma meditada, dejándola descender a lo más profundo del corazón, se convierte en el alimento de nuestra vida. Es lo que los monjes antiguos llamaban "lectio divina", que consiste en la lectura de la Sagrada Escritura, de los Padres de la Iglesia y del monacato. A través de ella, encontramos el camino que nos llevará a la oración y a la contemplación.

OFICIO DIVINO

Siete veces al día, la comunidad se reúne para la alabanza y la intercesión. El oficio divino ordena la jornada monástica, pues "No se ha de anteponer nada a la Obra de Dios", como nos indica San Benito. Los salmos, que nutren las horas litúrgicas, son fuente de contemplación que nos introducen en los Misterios divinos y que nos llevarán al contacto amoroso y personal con Dios en la oración privada.

Santa Misa

SANTA MISA

La Eucaristía es el centro de la Liturgia, así como de la vida cristiana. Por esta razón, ocupa el primer lugar en nuestra vida monástica. En el sacrificio de la Santa Misa, la Comunidad monástica se reúne en torno al altar para renovar el memorial de la muerte y resurrección de Jesús, Sacramento de unidad y de amor que une a los monjes entre sí, con la Iglesia Universal, con Cristo.

 

Procesión por el claustro

 

Procesión por el claustro