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NUESTRO MENSAJE |
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Desde nuestro Monasterio queremos ser profetas del silencio y proclamar que Dios existe y vive entre nosotros. Con Juan Pablo II queremos invitar a toda la humanidad a abrir las puertas del corazón al amor de Cristo y no tener miedo, especialmente a los más jóvenes. En ellos está la esperanza del mundo y de la Iglesia. |
Pensemos, como nos dice Benedicto XVI en Colonia, que no son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico.
La revolución verdadera consiste únicamente en mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno. Y, ¿qué puede salvarnos, si no es el amor?
Hemos de seguir sembrando a la espera de esa "Nueva Primavera" que la Iglesia desea. Con nuestra oración nos unimos al anhelo de los hombres y mujeres que se afanan buscando la luz, la paz, los valores auténticos. Entre todos hemos de construir un mundo a imagen del Reino futuro, donde Cristo será glorificado junto con el Padre y el Espíritu Santo.
De la mano de la Virgen María podemos marchar seguros, pues ella es la estrella que nos conduce fielmente hasta Dios.