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EN LA ESCUELA DEL SERVICIO DEL SEÑOR

Cuestionario para la formación

en los noviciados

de la Orden Cisterciense

Roma - 2005

 

NOTA INTRODUCTORIA

Este trabajo, presentado en forma de cuestionario, es fruto de la labor conjunta de un grupo de estudiantes de la 1ª Promoción (2001-2003) de los Cursos de Formación Monástica del Colegio San Bernardo de la Orden Cisterciense, en Roma. La mayoría de ellos son responsables de la formación en sus respectivos monasterios.
Nosotros, monjes y monjas, a fin de conocer mejor nuestra
Orden y su identidad, después de una madura reflexión e intercambio de opiniones, hemos compilado el presente texto para ofrecer una primera iniciación a los candidatos que llaman a las puertas de nuestros monasterios con el deseo de vivir de cerca la vida de la comunidad. Nuestra intención es abrirles un camino para conocer la identidad monástica, dándoles, en manera sucinta, la enorme tarea realizada por nuestros predecesores, desde la conclusión del Concilio Vaticano II hasta la celebración del Capítulo General especial del año 1968-69 y continuada en los siguientes, hasta llegar al del año 2000, coincidente con el año Santo. Este último Capítulo General reunió por primera vez conjuntamente a los abades, abadesas, delegados-as, culminando la labor de renovación de nuestro Derecho Constitucional, tras 35 años de intenso y fiel trabajo posconciliar.
Como punto de inspiración de nuestro proyecto, hemos
tenido presente la Constitución Apostólica del difunto Papa Juan Pablo II, "Depositum Fidei" para la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, redactado después del Concilio ecuménico Vaticano II. En ella el Santo Padre habla del Concilio Vaticano II como de constante punto de referencia de toda su acción pastoral, de manera particular en sus años de pontificado, con el esfuerzo constante por traducir sus directrices en una aplicación concreta y fiel, subrayando que hay que referirse constantemente a esta fuente. Este pensamiento, dicho con otras palabras, viene citado por su sucesor Benedicto XVI en su primer mensaje al Colegio cardenalicio el día 20 de abril del presente año, en la forma siguiente: El Papa Juan Pablo II presentó con acierto ese concilio como "brújula" para orientarse en el vasto océano del tercer milenio. También en su testamento espiritual anotó: "Estoy convencido de que durante mucho tiempo aún las nuevas generaciones podrán recurrir a las riquezas que este Concilio del siglo XX nos ha regalado" (17.III.2000).
El nuevo Papa, en este importante momento, ha declarado:
Por eso, también yo, al disponerme para el servicio del Sucesor de Pedro, quiero reafirmar con fuerza mi decidida voluntad de proseguir en el compromiso de aplicación del concilio Vaticano II, a ejemplo de mis predecesores y en continuidad fiel con la tradición de dos mil años de la Iglesia. Este año se celebrará el cuadragésimo aniversario de la clausura de la asamblea conciliar (8 de diciembre de 1965). Los documentos conciliares no han perdido su actualidad con el paso de los años; al contrario, sus enseñanzas se revelan particularmente pertinentes ante las nuevas instancias de la Iglesia y de la actual sociedad globalizada.
En 1985, con ocasión de cumplirse 20 años de la clausura
del Concilio Vaticano II, el Papa convocó una asamblea extraordinaria de Obispos para profundizar las enseñanzas del Concilio y adherirse mejor a ellas y promover su conocimiento y aplicación. En este Sínodo, los obispos expresaron el deseo de que se redacte un catecismo o compendio de toda la doctrina católica, tanto sobre la fe como sobre la moral, que sea como un texto de referencia para los catecismos o compendios que sean compuestos en los diversos países, tal como manifiesta el Papa Juan Pablo II en la citada exhortación escrita como presentación del Catecismo de la Iglesia Católica.
El Capítulo General de la Orden Cisterciense, del año
2000, también sirvió a los nuevos capitulares, abades y abadesas, delegados y delegadas, para releer y profundizar los documentos recibidos del Capítulo General de 1968-1969, aprobarlos nuevamente en el primer Capítulo General único, y promover su conocimiento y aplicación.
Fruto de aquel importante evento, que autoafirmó nuestra
identidad, ha sido el Trienio de Formación Monástica, nacido de la iniciativa del Colegio san Bernardo, de la Orden Cisterciense, en Roma. Su primer finalidad ha de ser dar respuesta a la pregunta hecha por el Señor a los apóstoles: ¿Y vosotros, quién decís que soy yo? Si Él no es para nosotros el Hijo de Dios, tal como respondió Pedro, si para nosotros no es el camino, la verdad y la vida, ¿para qué sirven los Cursos que empiezan por explicarnos los fundamentos evangélicos de nuestra vocación como su primera fuente o la doctrina del Magisterio de la Iglesia como la segunda? y también, si no es una respuesta a la pregunta del Señor ¿qué finalidad tiene este cuestionario de iniciación, que abarca las respuestas dadas desde el monacato prebenedictino, en la Regla de San Benito, y en las tradiciones cistercienses?
Finalmente, este pequeño manual es también un signo de
agradecimiento hacia quienes son nuestros padres y madres concretos en el monacato, y testimonio de que los esfuerzos de la generación precedente no han sido en vano, porque el Patrimonio Espiritual, legado por ellos como un fiable y autorizado compendio, es, dicho con palabras de Juan Pablo II, una brújula para orientarnos en el vasto océano del Tercer Milenio.
Con la alegría de finalizarlo en la Solemnidad de Ntro.
Padre San Benito, Patrón de Europa.

11 de Julio de 2005

 

CUESTIONARIO

1.- ¿Qué tipo de monasterio ofrece san Benito al joven que llama a la puerta?
Una escuela del servicio del Señor8, en la que los
monjes, guiados por el Evangelio9, viven en común y militan bajo una Regla, escrita para principiantes, y bajo un Abad.

 

2.- ¿Qué pide San Benito a aquellos que quieren entrar en el monasterio?
Descubrir si el móvil que los impulsa a pedir la entrada
en el monasterio es la búsqueda de Dios. Este ha de ser el principal motivo por el que se llame a las puertas del cenobio. Todo lo demás ha de girar en torno a este ideal.

 

3.- ¿Qué importancia da San Benito al tema de la escucha en la Santa Regla?
San Benito da al tema de la escucha un papel primordial.
No en vano las primeras palabras del Prólogo de la RB nos dicen Escucha hijo los preceptos de un maestro bueno. El escuchar aparece como "camino" de búsqueda hacia Dios. A través de una actitud atenta, el joven escuchará la lectura de la Regla14 , ejercicio que prolongará a través de toda la vida.

 

4.- ¿Qué requisito es imprescindible para favorecer la escucha?
El silencio es algo imprescindible para que podamos
escuchar a Dios. Respetando con fidelidad el tiempo de silencio, nuestros corazones se disponen para oír mejor la Palabra de Dios, asimilarla y cumplirla con más generosidad. Así pues, el silencio ha de ser el ambiente que envuelva la jornada del monje.

 

5.- ¿Cómo busca el monje a Dios?
El monje busca a Dios, tal como nos indica la RB:
- en el oficio divino, que no es otra cosa que la Palabra
de Dios, la Biblia, principalmente a través de los salmos, las lecturas del AT y NT y las homilías de los Santos Padres de la Iglesia;
- en la obediencia;
- en las humillaciones.
El monje ha de buscar a Dios sobre todo en el mismo lugar donde Dios busca al hombre y le habla. Es decir, en la Biblia, especialmente en los salmos, recitados en el oficio divino donde Dios habla, busca al hombre en su palabra, hablando con el mismo lenguaje del hombre. Allí es donde el hombre escucha y busca a Dios, en su Palabra. Y buscar a Dios es, al mismo tiempo, encontrarle.

 

6.- ¿Quién toma la iniciativa en esta búsqueda?
Tanto para san Benito como para la Sagrada Escritura,
esta búsqueda es mutua. Y Dios toma la iniciativa al "buscar al hombre". Veamos las llamadas de los Patriarcas y Profetas en el AT y la de María y los Apóstoles en el NT. Dios busca al hombre21 en su Palabra, la Escritura. Por esto el hombre debe escucharla. Solamente cuando el hombre ha escuchado la Palabra de Dios, puede responder. Es Dios quien nos busca primero. San Benito dice: De lo alto de los cielos Dios se inclina sobre los hombres para ver si hay alguno que busca a Dios23. Encontramos al principio el deseo de Dios - Dios busca al hombre -: nuestra búsqueda de Dios es una respuesta. En el Prólogo, Benito representa a Cristo que busca a su obrero entre la multitud, atrayéndolo con una pregunta: Hay alguien que ame la vida y desea días de prosperidad. Dios no busca mis capacidades, ni siquiera mi servicio. Lo que Dios busca es mi persona, deseando que tenga la vida, cosa que corresponde al deseo de mi corazón. Y esto no significa solamente existir, sino tener una vida plena, intensa25. En Cristo se ha encarnado la búsqueda de la humanidad de parte de Dios.

 

7.- Indica algunos textos que reflejan este sentido de la búsqueda.
- RB. Pról. 14: buscándose el Señor un operario.
- RB. 2,35: buscad primero el Reino de Dios...
- RB. 27,8: se fue en búsqueda de la oveja perdida...
- RB. 58: si de veras busca a Dios.
- RB. Pról. 14; 58,7: Dios busca al hombre y por
esto el hombre busca a Dios.

 

8.- ¿Cuál es el Reino de Dios que la RB. 2, 35 nos recomienda buscar?
En la carta de san Pablo a los Romanos (14, 17),
podemos leer: Que el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo. Las Bienaventuranzas (Mt. 5, 1-12) son la proclamación del Reino de Dios, y el Catecismo de la Iglesia Católica, en los números 2763 y 2764 (comentario al Padre Nuestro), también se nos habla de este Reino. La encarnación del reino sobre la tierra se ha dado en Cristo, el pobre de corazón, el humilde, el consolador y el consolado, el sediento de justicia, el compasivo, el de corazón puro, la paz y el pacificador, el perseguido por causa de la justicia. Aunque la RB. no habla de la misa conventual diaria, la Eucaristía ocupa el centro de nuestra vida. En ella recibimos a Cristo y se nos da en prenda la gloria futura. Si el monje milita bajo el mismo Cristo, su Rey y Señor, si vive en la escuela de su servicio, donde aprende a imitarle en el servicio a los hermanos, con los dones y talentos que ha recibido de Él, el Señor, presente en los enfermos, en los huéspedes, en el Abad y en la comunidad35, disfrutando de cada día como una tregua que Él nos concede36, entonces, estará en camino para ser piedra de edificación de la casa de Dios37 (templum Dei estis), que es el monasterio.

 

9.- La búsqueda de Dios, vivida por los monjes desde los inicios del monacato, ¿puede llevarnos a hablar de la existencia de una teología monástica?
Según muchos estudiosos de hoy en día, sí podríamos
hablar de una teología monástica, es decir, de una tentativa de hacer más claro el misterio de la divinidad, desde la visión y la vivencia particular de los monjes.

 

10.- ¿Cuáles serían las características de esta teología monástica?
Basada en la experiencia y no en el raciocinio, como
se dará después en la teología escolástica, centra su comprensión de Dios, principalmente, a través del estudio de la Sagrada Escritura, estudiada y contemplada a través del Oficio Divino de la lectio divina.

 

11.- ¿Qué documento del siglo XX tuvo mayor importancia para abrir el camino de renovación de la vida religiosa en general y monástica en particular?
El decreto Perfectae Caritatis, que el Concilio Vaticano
II promulgó el 28 de octubre de 1965. Debido a la importancia de este tema, el Concilio Vaticano II consagra un Decreto específicamente para la adaptación de la vida religiosa al mundo actual. Quería que los religiosos tuvieran una parte importante. Este Decreto pide que la vida religiosa retorne a las fuentes, que son la profundización en la pureza del Evangelio y en la intuición original de cada fundador. Será completado por el Motu proprio Ecclesiae Sanctae del 6 de agosto de 1966.

 

12.- ¿De qué partes se compone este Decreto?
Podemos dividirlo en tres partes:
1. Principios generales de la renovación de la vida
religiosa.
2. La naturaleza de la vida religiosa y sus diferentes
formas.
3. Cuestiones prácticas.

 

13.- Indica en qué lugar habla más especialmente sobre la vida monástica el Decreto Perfectae Caritatis.
En el número 9: Consérvese fielmente y resplandezca
cada día más en su espíritu genuino, tanto en Oriente como en Occidente, la veneranda institución de la vida monástica, que tan excelsos méritos se granjeó en la Iglesia y en la sociedad civil a lo largo de los siglos. Primordial oficio de monjes es tributar a la Divina Majestad un humilde y noble servicio dentro de los claustros del monasterio, ya se dediquen legítimamente a su cargo alguna obra de apostolado o de caridad cristiana. Conservando, pues, la índole característica de la institución, hagan reverdecer las antiguas tradiciones benéficas y acomódenlas a las actuales necesidades de las almas, de suerte que los monasterios sean como focos de edificación para el pueblo cristiano.

 

14.- En la línea del Perfectae Caritatis, ¿qué texto nos presenta nuestra Orden en la actualidad para dar respuesta a esta búsqueda, siguiendo la guía de la RB?
La Declaración sobre los elementos principales de la vida
cisterciense actual, que es una ley-cuadro que nos recuerda nuestra identidad a lo largo de la historia y enumera las bases fundamentales en las que ha de basarse nuestra vida en estos tiempos, siguiendo el camino trazado por el Perfectae Caritatis.

 

15.- Tal y como subraya este documento, ¿podríamos decir que la búsqueda de Dios es el fin primordial de la vida monástica?
El fin de buscar a Dios no es solamente una obligación individual; toda la estructura general de la vida del monasterio,
escuela del servicio divino, la autoridad y la doctrina del abad, la levadura de la justicia divina han de servir para fomentarla. En esta finalidad reside la razón última de la vida de nuestros monasterios. Todos los demás bienes, ya sea la reputación social, la utilidad humanitaria o civil, las ventajas materiales deben estar subordinadas a este fin y deben ser convenientemente adaptadas al mismo y nunca deben ser preferidas al progreso espiritual, a la corrección de las costumbres y al perfeccionamiento de las virtudes.

 

16.- Según la RB, ¿cuál debe ser la prioridad del monje?
El monje no debe anteponer nada al amor de Cristo. El
"monje", sustantivo que viene del término griego "monos", es decir, el "solo", solo tiene un amor, Cristo, por el que se unifica en Dios.

 

17.- ¿Quién es Cristo para el monje?
Cristo es el Rey, el Señor, el Maestro, el Padre, el
Pastor, el Médico, verdadero hombre - verdadero Dios, muerto y resucitado, presente entre nosotros en el sacramento del altar. Nosotros abrazamos los consejos evangélicos de un modo especial para seguir como discípulos a Cristo, nuestro Maestro, y así estarle más unidos, y mediante nuestra observancia monástica acercarnos a Él cada vez más íntimamente. Benito amonesta tres veces a los monjes a que amen solamente a Cristo. Estas tres amonestaciones expresan el mismo concepto con las mismas palabras. Muestran el pensamiento del autor sobre el fin de la vida monástica, que es Cristo, de quien el monje se enamora y al que busca continuamente. Además, en RB. 7,69, Benito añade la frase por amor a Cristo al final de la sección espiritual.

 

18.- Basándonos en la pregunta anterior ¿En qué ha de consistir la vida del monje?
La vida del monje ha de consistir en seguir a Cristo, que
se hizo humilde. Sinceramente arrepentidos de nuestros pecados y conscientes de nuestras limitaciones, así como de haber sido rehabilitados por la misericordia divina, debemos buscar la gloria de Dios, y no la nuestra. Animados por este espíritu de humildad hemos de aceptar serenamente las tribulaciones y las privaciones, debemos estar contentos aun cuando sean escasos las compensaciones y los medios de subsistencia. La vida monástica solamente puede subsistir bajo el signo de la cruz. Dado que seguimos el amor de Cristo, y nadie puede ser mayor que Él, hemos de recorrer el largo camino de la renuncia, y mortificamos nuestros miembros para servir al Dios vivo; Cristo nos llama cada día, al igual que a sus apóstoles, a cargar con la Cruz.

 

19.- ¿En qué consiste de forma concreta para nosotros participar de la cruz de Cristo?
Llamados a participar de la cruz de Cristo hemos de vivir:
-humillándonos huyendo de la vanagloria y de las ambiciones
egoístas;
-cumpliendo exactamente el trabajo cotidiano, que actualmente
impone frecuentes sacrificios, que muy bien pueden parangonarse con las austeridades de la vida monástica antigua;
-ejercitando la paciencia con la cual hemos de soportar
las enfermedades del cuerpo y del espíritu, la debilidad de nuestras facultades y el peso de la vida común;
-amando a nuestros enemigos, perseguidores y calumniadores; aceptando la vejez y la muerte, de tal manera
que manifestemos nuestra fe y nuestra esperanza en la vida eterna.

 

20.- ¿Qué lugar ocupa la lectio divina en la vida del monje, según la RB, los Padres de nuestra Orden y qué importancia tiene en nuestros días?
La lectio divina ocupa un lugar central en la vida
monástica desde sus orígenes. Forma parte de la vida de oración, siendo el alimento y sostén de la misma. La "lectura divina" requiere una educación idónea y unas ciertas condiciones para que pueda ser de verdad una lectura que lleve a la oración, reposada y asidua. Adornada con estas cualidades, la lectura divina ayuda eficazmente al monje a ser más y más el hombre de Dios, y le hace sentir claramente la presencia de Dios y le hace comprender mejor su voluntad. Art. 63.

 

21.- ¿Cuáles han de ser, según san Benito, los principales textos en los que se base la lectura del monje?
San Benito, siguiendo la tradición de la Iglesia, da
la primacía a la Sagrada Escritura, Palabra de Dios, con el estudio especial de los Salmos y los Comentarios de los Padres de la Iglesia.

 

22.- ¿Podemos encontrar en Antiguo y en el Nuevo Testamento la existencia de la vida consagrada?
La iniciativa viene siempre por parte de Dios, pero,
ya en el AT descubrimos la existencia de una apertura y búsqueda de Dios por parte de los hombres, como intento de responder a esta llamada. Esta actitud es revelada en una vida de temor de Dios, manifestando la conciencia de una consagración a Él, sustentada en una vida de recíproca convivencia. En el NT, esta reciprocidad se centra en Jesucristo, con la exigencia de un seguimiento incondicional. Esta pertenencia a Cristo es un don que nos une íntimamente a Él, manifestándose a través de diversos carismas. Por tanto, por la vida consagrada estamos llamados a anticipar la vivencia de los bienes celestiales, por medio de una participación y convivencia con el mismo Cristo.

 

23.- ¿Podemos decir que el monje utiliza una técnica particular de oración?
No, pues el monje hace suya la oración de la Iglesia,
orando preferentemente con lo que la misma iglesia le ofrece en la liturgia de cada día, es decir, que de forma habitual ora con la Palabra de Dios, especialmente con los Salmos, que se apropia en su sentido literal y espiritual.

 

24.- ¿Por qué se da el monje con frecuencia a la oración?
El monje que busca a Dios y desea servirle imitando a
Cristo, se da a la oración muy a menudo. El espíritu y el corazón se elevan a la consideración de las cosas divinas ya sea con la meditación de la Palabra de Dios que se nos revela, ya sea con la oración común o privada, que es como la respuesta a la Palabra de Dios. De esta manera podemos hallar la fuente de inspiración de todos nuestros actos, y al mismo tiempo, podemos conocer mejor y rectificar con más frecuencia la dirección de nuestra vida.

 

25.- ¿Podemos decir que el monje vive una espiritualidad litúrgica?
Sí, como todo cristiano, pero de una forma más
radical, pues, tal como demuestran toda la tradición monástica y las disposiciones de la Iglesia, los monjes están llamados de modo especial a continuar en la Iglesia la oración de Cristo, ya sea en la celebración de la misa y del oficio divino -que, necesariamente, han de ocupar el primer lugar en su vida- ya sea en las demás formas de oración, la cual debe empapar toda su existencia. La adoración de Cristo presente en la Eucaristía es una ayuda para que la activa participación en el sacrificio de Cristo se continúe eficazmente todo el día. Esta espiritualidad de la Liturgia se extiende a toda la vida del monje, que ve la presencia de Cristo en los enfermos, en los huéspedes, en el abad y en la comunidad.

 

26.- ¿Qué documento del Concilio Vaticano II nos habla de la renovación litúrgica?
La Constitution Sacrosanctum Concilium.

 

27.- ¿Cómo define este documento la liturgia?
Podemos decir que la liturgia es la fuente y el culmen de
toda la vida de la Iglesia.

 

28.- ¿Cuál es el camino de oración para la Iglesia?
No hay otro camino de oración cristiana que Cristo. Sea
comunitaria o individual, vocal o interior, nuestra oración no tiene acceso al Padre más que si oramos "en el Nombre" de Jesús. La santa humanidad de Jesús es, pues, el camino por el que el Espíritu Santo nos enseña a orar a Dios nuestro Padre. La oración de la Iglesia, alimentada por la palabra de Dios y por la celebración de la liturgia, nos enseña a orar al Señor Jesús.

 

29.- Dado que el monasterio es una escuela, ¿qué se debe fomentar en el mismo?
El estudio y la formación. A través de la lectio divina,
el monje debe profundizar en el conocimiento del servicio que el mismo Señor ha hecho por él, con el fin de imitarle63. La formación inicial es una gracia para toda la vida y ha de continuarse hasta el fin de la misma.

 

30.- ¿Dónde indica san Benito la importancia de la formación y el estudio para que esta búsqueda de fruto en nuestra vida?
San Benito nos exhorta con frecuencia a dedicarnos
al estudio de los salmos y a la lectura, como forma de alimentar nuestra vida con una formación sólida y bien hecha, indicándonos, incluso, la forma de hacerla lo más correctamente posible.

 

31.- ¿Crees que los primeros cistercienses dieron importancia al estudio? Indica algunos ejemplos concretos.
Desde los comienzos, los primeros cistercienses
buscaron la autenticidad en todo, por lo que se dedicaron con sumo interés a la búsqueda de las fuentes de la tradición. Para ello, se dieron con entusiasmo al estudio. Un buen ejemplo de ello nos lo da Esteban Harding, con la edición de la Biblia.

 

32.- Enumera algunos de los escritores espirituales cistercienses más relevantes de los inicios de nuestra historia.
En cuanto a los monjes, podemos citar a Bernardo
de Claraval, Elredo de Rievaulx, Guerrico d'Igny, Guillermo de Saint-Thierry. Con respecto a las monjas: Matilde de Hackeborn, Matilde de Magdeburgo y Gertrudis de Helfta.

 

33.- ¿Podrías citar las obras más relevantes de cada uno de ellos?
- Bernardo de Claraval: De consideratione, De Diligendo
Deo, De la gracia y del libre albedrío, Sermones del tiempo y de los Santos, Sermones sobre el Cantar de los Cantares.
- Elredo de Rievaulx: La amistad espiritual, el Espejo
de la Caridad, La oración pastoral, Sermones varios.
- Guillermo de Saint-Thierry: De la contemplación de
Dios, Comentario al Cantar de los Cantares, La carta de oro, De la naturaleza y dignidad del amor, El espejo y el enigma de la fe.
- Guerrico de Igny: Sermones Varios.
Hay que mencionar también los nombres de algunas
monjas cistercienses, tales como:
- Matilde de Hackeborn : El libro de la gracia especial.
- Matilde de Magdebourg : La luz de la divinidad.
- Gertrudis de Helfta : El Heraldo del amor divino ;
Ejercicios espirituales ; Oraciones.

 

34.- Indica los rasgos más sobresalientes de San Bernardo en sus escritos.
El tema fundamental de todo su pensamiento es
de hecho la unión del hombre con Dios, considerada en su doble aspecto de conocimiento de sí y conocimiento de Dios, que desarrolla en sus dos primeros tratados, escritos a partir de 1125, De gradibus humilitatis et superbiae y De diligendo Deo. El amor a la humanidad de Cristo y su devoción a la Virgen María, han sido siempre sus dos notas más sobresalientes, formando parte de la espiritualidad cisterciense a través de los siglos.

 

35.- ¿Qué documento de la Iglesia ha pedido a cada Orden el establecer un programa propio para la formación?
El documento que se llama Potissimum Institutionis,
de 1990.

 

36.- ¿Qué documento ha sido recientemente aprobado por nuestra Orden con respecto al tema de la formación?
La Ratio Institutionis, programa de Formación establecido
como ley-cuadro para el derecho propio de las Congregaciones, a petición del Capítulo General de la Orden del año 1990, aprobado por el Sínodo de la Orden de 1994. Nuevamente, ha sido revisado y aprobado por el Capítulo General del año 2000.

 

37.- ¿De qué manera expresa la necesidad de la formación para el futuro de la Orden y de cada comunidad en particular?
En la Orden Cisterciense, la formación tiene que tener
una extrema importancia para los Superiores y los monjes, porque la vida y la actividad de la Orden dependen de la formación y porque el bien y el futuro de la Orden se fundamentan en la formación diligentemente realizada.

 

38.- ¿Quién es el primer responsable de la formación?
El Abad, que en el monasterio hace las veces de Cristo,
es el padre de toda la familia monástica y el primero entre sus consiervos, y, por tanto, es el primer moderador de la formación espiritual e intelectual; por eso considera como un derecho y un deber en el más alto grado formar a sus hijos. Por lo que se refiere a lo que el Abad no puede dar por sí mismo, que no dude en confiarlo a personas idóneas que lo lleven a término bajo su dirección. El Abad, al escoger auxiliares para la formación, tendrá por norma firmísima y fundamental no valerse más que de monjes excelentes, celosos de su estado, debidamente instruidos en las sagradas disciplinas, fervorosos y bien dotados de cualidades.

 

39.- ¿Podemos decir que la formación es una tarea de toda la vida?
La formación espiritual, doctrinal y práctica del religioso
tiene que ser continuada con cuidado durante toda la vida.

 

40.- ¿Qué criterio ha de seguir una buena formación?
El principio de la integración, que comprende la
visión del individuo en su totalidad, por lo tanto, contempla diversos campos de estudio para que la formación sea integral.

 

41.- ¿Cómo ha de entender el monje la idea de "perfección" para que su camino formativo se realice con un criterio acertado?
Etimológicamente, "perfección" viene de perficio, -is, -icere, -feci, perfectum y significa algo que se está
haciendo. San Benito nos habla de "perfección" en el capítulo 73. Hemos de resaltar que sólo una vez habla de "perfección" y para poner de relieve que la Regla está escrita para principiantes, tal como dice el capítulo 73: Hemos esbozado esta regla para que, observándola en los monasterios, demos pruebas, al menos, de alguna honestidad de costumbres o de un principio de vida monástica. Mas el que tenga prisa por llegar a una perfección de vida, tiene a su disposición las enseñanzas de los Santos Padres, que, si se ponen en práctica, llevan al hombre hasta la perfección76. Así pues, la idea de perfección, más que un fin, expresan un camino a recorrer, contando siempre con la ayuda de la gracia divina.

 

42.- ¿Cuándo llegaremos a alcanzar la perfección?
Sabemos que el monje es un buscador de Dios,
porque él mismo ha sido buscado por Dios. Lo busca toda su vida y solo le encontrará al final de su existencia. Ahora sólo participa en su pasión por la paciencia para después compartir su Reino. Esta perfección ha de entenderse como camino hacia Dios, en el que solo Él podrá llevar a término cualquier obra que comencemos. San Benito escribe una regla monástica para principiantes que no deben desesperar nunca de la misericordia de Dios.

 

43.- ¿Cómo empieza el cap. 48 de la RB? ¿De dónde proviene esta cita?
La ociosidad es enemiga del alma, dice san Benito en
el capítulo 48 de la Regla, citando el libro del Eclesiástico80. Para san Benito, el trabajo no es solo un remedio contra la ociosidad, sino que habla de él de modo elogioso: porque precisamente así son verdaderos monjes cuando viven del trabajo de sus propias manos, como nuestros Padres y los apóstoles.

 

44.- ¿Qué dice la Declaración sobre el trabajo?
La Declaración nos dice que como todos los hombres,
nosotros, los monjes, también estamos sujetos a la ley común del trabajo. Nuestro trabajo no es solamente un remedio contra la ociosidad, o una ocupación cualquiera para llenar el tiempo, sino que es una parte constitutiva de nuestro esfuerzo para adquirir la perfección cristiana. Al mismo tiempo, es también un servicio fraterno a la comunidad monástica y a los hombres que viven en el mundo, siempre y cuando realicemos nuestro trabajo con competencia y con sentido de responsabilidad. No hemos de olvidar los momentos de descanso, con el fin de cumplir lo que dice el Apóstol, que nos enseña que "Dios ama a aquél que da con alegría".

 

45.- ¿De qué clase de trabajo se trata?
a) Educación de la juventud
b) Ministerio pastoral
c) Trabajo manual
d) Trabajo cultural y científico
e) Hospitalidad.

 

46.- ¿A qué se compromete el que emite su profesión monástica según la RB?
El que emite su profesión según la RB se compromete
a unirse a la comunidad y a comportarse como monje siendo obediente. El monje promete obediencia a la vida monástica fundada, determinada y guiada por la Regla. Y la Regla exige: obediencia a la Regla, al abad y a los hermanos. La fidelidad a la comunidad es vivida concretamente mediante la obediencia al Abad que es el centro de la comunidad como una figura viva y tangible de Cristo, Señor y verdadero Rey. De este modo, el monje establece una alianza con Dios a través de la alianza con los hermanos: la fidelidad a la Regla le permite permanecer fiel a Dios y a los hermanos, a pesar de la inconstancia y la inestabilidad propia y humana en general.

 

47.- ¿Hacia quién va dirigida la obediencia, según el texto de la RB?
No solamente la obediencia se dirige al abad, sino a
todos los hermanos. El monje obediente escucha a todo el mundo para oír la voz de Dios. Para Benito, buscar a Dios significa escuchar su voz en cualquier lugar que hable:
a) Dios-Cristo: R.B. Pról. 2; Pról. 3; 5, 1-4; 5, 14-15;
5, 17-18; 7, 31-32.
b) El abad: RB. 3,5-6; 4, 61.
c) La Regla: RB. 62,4; 62, 11; 10.
d) Los Hermanos: RB. 3; 71; 72,6.

 

48.- ¿Qué notas características presenta el voto de obediencia según la RB?
a) Obediencia como escucha
Prólogo 1-3
- Escuchar con el corazón significa poner en
práctica
- Esta es la obediencia: escuchar y poner en
práctica. Hay una fuerte relación entre escuchar y obedecer (audire, ob-audire). Parece que Benito se haya dado cuenta de esta relación etimológica: RB. 5,5 (cf. 17,45)
b) La obediencia es renunciar a sí mismo
para obedecer hay que renunciar a la propia voluntad, al egoísmo. Así aparece en: Pról. 3; RB. 4,60; RB. 4,61; 5,7-8; RB. 5,12
El monje renuncia a su propia voluntad para seguir
a Cristo y desea ser presidido por un abad que le enseñe los mandamientos divinos que hay que obedecer.
c) Obediencia como compromiso de toda la persona
RB. Pról. 21.40; 2,17.21. No se trata de una práctica formalista (RB 5, l7-18)
d) La obediencia- escucha es un camino hacia Dios
RB. Pról. 12; 5, 11; 5,7-10; 43,1-3.

 

49.- ¿Crees que la obediencia es un camino fácil para san Benito?
Para Benito, ir hacia Dios a través de la obediencia
no es fácil, sino que reconoce que es algo áspero y duro.

 

50.- ¿Qué significado tiene el voto de obediencia según la Declaración?
La obediencia significa, ante todo, tener el corazón
abierto para recibir el estímulo del Espíritu Santo: el cual sopla donde quiere y nos manifiesta la voluntad de Dios de diversas maneras. Y así como el alimento de Cristo era hacer la voluntad de Aquel que le había enviado, y, tomando la forma de siervo, se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz, así también nosotros, deseosos de seguir a Cristo muy de cerca, hemos de buscar la voluntad del Padre y seguirla con el espíritu bien dispuesto.

 

51.- ¿A través de quienes encontramos la voluntad de Dios?
Con mucha frecuencia, la voz de la Iglesia, la enseñanza
y las exhortaciones del Sumo Pontífice, de la Santa Sede, de los obispos y de los abades, -que no deben tan solo dirigir la actividad externa, sino que es necesario que formen nuestra espiritualidad-, nos transmiten la voz de Dios. Por esta razón, los monjes, deseosos de cumplir la voluntad de Dios con espíritu de fe y de amor, ansían ser gobernados por un abad, el cual hace las veces de Cristo; a él prestan humildemente obediencia según las normas de la Regla y de las Constituciones, contribuyendo con su inteligencia, su voluntad y con los dones de la gracia, a la realización de sus preceptos y el cumplimiento de las funciones que se les asignan, sabiendo que de este modo colaboran a la edificación del Cuerpo de Cristo según los designios de Dios. De este modo la obediencia religiosa de ninguna manera disminuye la dignidad de la persona humana, sino más bien la conduce hacia la madurez con la amplia libertad de los hijos de Dios.

 

52.- ¿Cómo podemos definir la obediencia religiosa y qué exigencias presenta en la época actual?
La obediencia religiosa, aun cuando consista en la ejecución
material del mandato del superior, está siempre dirigida a Dios, y es un acto humano libre y personal que comporta una decisión madura y responsable. Las nuevas condiciones que nuestro tiempo presenta, requieren nuevas formas de mandar y de obedecer y exigen nuevas relaciones entre superiores y súbditos. Hoy mucho más que en el pasado es necesario que los superiores formulen sus preceptos después de haber oído el parecer de personas competentes y después de haber consultado a sus cohermanos, permaneciendo siempre dispuestos a acoger ulteriores sugerencias. Quedando intacta la potestad de los superiores de decidir y disponer lo que debe hacerse, éstos deben escuchar con agrado a los hermanos; éstos, a su vez, que expresen su parecer respetando la personalidad y el juicio de los demás, exponiendo su opinión con razones válidas, sin seguir la inclinación de su corazón.

 

53.- ¿En qué se basa el ejercicio de la autoridad y de la obediencia?
El bien de la obediencia religiosa será mantenido en la
vida monástica sólo cuando los superiores, juntamente con los hermanos, concordes y con sinceridad buscan la voluntad de Dios, y recuerdan que la obediencia debe prestarse no a la autoridad humana sino siempre a Dios que nos llama. El bien de la comunidad exige que los preceptos sean claros, firmes y que obliguen a los hermanos sin equivoco alguno; sin embargo, el gobierno del monasterio no puede prescindir de la colaboración responsable de todos para el bien del monasterio, de la orden y de la Iglesia. Es precisamente en este íntimo consentimiento de todos, que tiene por base la vocación común y la profesión religiosa, que descansa el cotidiano ejercicio de la autoridad y de la obediencia.

 

54.- ¿A qué nos compromete el voto de estabilidad?
A la vida de fraternidad.
Para Benito estabilidad es un término complejo que incluye las nociones de Comunidad; Regla; Dirección del abad; Conducta debida; Orden; Obediencia; Perseverancia; Fidelidad. Todo esto vivido dentro de los muros del monasterio, lugar concreto de nuestra respuesta a la llamada de Dios. Tal es el sentido de la clausura monástica, de la separación del mundo: para que los monjes no tengan necesidad de andar por fuera, pues en modo alguno les conviene a sus almas.

 

55.- ¿La vida cisterciense se vive dentro de una comunidad estable?
Sí, por la Profesión, el monje se une a la Comunidad
y sabe muy bien que Cristo está presente en el monasterio de un modo especial, ya que está presente en cualquier lugar en el cual dos o tres personas se reúnen en su nombre. Nuestra estabilidad está en la Caridad fraterna, tan querida por los fundadores de Cîteaux, cuyo lema era: Una Caritate, una Regula, similibusque vivamus moribus. En esta escuela de la caridad incluso hemos de saber sacar provecho de nuestras flaquezas para progresar en el amor, y así, con el ejemplo y la doctrina de los hermanos iremos avanzando de modo seguro hacia el Señor.

 

56.- ¿De qué forma hemos de vivir la fraternidad?
Nosotros deseamos ordenar nuestra vida de tal manera
que realice una vez más el ejemplo de la Iglesia primitiva, ejemplo que exige unidad de corazones y de espíritus, no solamente en la oración, en la doctrina de los Apóstoles, en la comunión de la fracción del pan y en la común posesión de los bienes materiales, sino también en la comunidad de fines, de obligaciones, de responsabilidades y de acción. Al igual que el Apóstol, que deseaba alegrarse con los que estaban alegres, y llorar con los que lloraban, así también es necesario que la prosperidad o la adversidad, las alegrías o las tristezas, las dificultades y las ventajas de cada uno de los hermanos las sintamos como propias.
57.- ¿En qué deben mostrarse especialmente solícitos los monjes, en cuanto a la vida fraterna?
Lo que más debe atraer la solicitud de los hermanos es la
vida espiritual del monasterio, de modo que todos se sientan responsables en cierto modo de la salvación eterna y de la perseverancia en la vocación de los demás. De este modo la misma vida de comunidad sirve de dirección espiritual, en sentido amplio, en cuanto fortifica a los débiles, anima a los tímidos, excita el celo de los negligentes y cada día nos recuerda a todos los valores de nuestra vida de servicio.

 

58.- ¿Con qué medios contamos para hacer crecer la vida comunitaria?
Ha de mantenerse la vida común en la oración y en la
comunión del mismo espíritu, nutrida por la doctrina evangélica, por la sagrada Liturgia y principalmente por la Eucaristía. Los religiosos, como miembros de Cristo, han de prevenirse en el trato fraterno con muestras de mutuo respeto, llevando los unos las cargas de los otros, ya que la comunidad, como verdadera familia, reunida en nombre de Dios, goza de su divina presencia por la caridad que el Espíritu Santo difundió en los corazones. La caridad es la plenitud de la ley y vínculo de perfección y por ella sabemos que hemos sido traspasados de la muerte a la vida. En fin, la unidad de los hermanos manifiesta el advenimiento de Cristo y de ella dimana una gran fuerza apostólica.

 

59.- ¿Podemos afirmar que la vida fraterna debe estar fundada sobre el modelo de familia?
Hemos de pensar que san Benito no utiliza nunca
la palabra familia, aunque este término se encuentra frecuentemente en la tradición con una riqueza de significado. Ha querido dejar deliberadamente de lado este término familia, utilizando en su lugar casa de Dios, que se encuentra cinco veces en la RB. La palabra indica la presencia de Dios entre nosotros. Domus Dei (la casa de Dios) es el lugar donde se encuentra a Dios y, en consecuencia, debe ser una casa de oración, de unidad, de acción de gracias. El término paterfamilias se encuentra una sola vez (RB. 2,7) y se refiere a Dios y no al abad. El abad, por el contrario, es presentado como el pastor, que debe dar cuentas al padre (Dios) del rebaño a él confiado. En el Derecho Romano la familia se comprendía en un sentido mucho más amplio que el nuestro y san Benito no utiliza esta terminologia con el mismo significado. Para él, no hay en el monasterio ni esclavos ni libres y, ciertamente, ni patronos ni parientes, porque todos son iguales, hermanos y coservidores en Cristo.

 

60.- Explica en qué consiste la conversatio y qué votos se encontrarían dentro de éste.
La conversio o conversatio morum consiste en que el
monje ha de comportarse y vivir como lo que dice que es, un cristiano consagrado radicalmente al servicio de Cristo en la vida monástica. El término conversatio, según la RB, significa ‘comportamiento’. Las referencias del Prólogo son solamente el inicio de una serie de conversiones que llevan a adquirir la forma y actuación propias de los monjes. Dentro de esta promesa se incluirían los votos tradicionales de la castidad y la pobreza, de los que san Benito no habla explícitamente, tal y como nosotros los formulamos ahora.

 

61.- ¿Por qué practicamos la pobreza y cómo hemos de servirnos de las cosas materiales?
No practicamos la pobreza como una simple privación o
como desprecio de los bienes materiales, sino más bien para conseguir la libertad de los hijos de Díos, que se sirven de este mundo como si no se sirviesen de él, conscientes de que pasará la apariencia de este mundo. Por esta razón deseamos ser pobres con Cristo pobre, renunciando a la posesión y a la adquisición de las riquezas. De este modo somos verdaderos discípulos de la escuela de la primitiva Iglesia, en la cual nadie decía que algo era suyo, sino que todas las cosas eran de todos. De esta manera el corazón está libre de las preocupaciones materiales, para que nuestro corazón esté donde esta nuestro tesoro, que es en Cristo y en la Iglesia.

 

62.- ¿Cómo hemos de disponer de los bienes?
Sin embargo mientras vivamos tenemos necesidad de
servirnos de las cosas de este mundo; por esto el espíritu de pobreza que dimana del voto de pobreza, ha de ordenar el uso de los bienes para utilidad nuestra y del prójimo ; observado el debido respeto hacia las criaturas hemos de disponer todas las cosas de tal modo que nuestra renuncia proporcione ayuda a los pobres de nuestro tiempo. Por este motivo destinemos nuestras ganancias para utilidad del prójimo y de la iglesia. E igualmente, dediquémonos a aquellos trabajos que nos permitan satisfacer nuestras necesidades, y asimismo ayudar a los demás y a conservar la naturaleza creada sana e intacta.

 

63.- ¿En qué consiste el voto de castidad?
La castidad voluntaria, aceptada por el Reino de Dios,
no consiste en la simple renuncia al matrimonio y a las alegrías de la familia natural, sino que nos debe procurar una gran libertad para dedicarnos a las cosas de Dios y de la Iglesia con todas nuestras fuerzas físicas y psíquicas. Mediante la profesión religiosa queremos dar testimonio, de una manera más directa y profunda, de la gran esperanza cristiana del mundo futuro, en el cual los hombres no contraen matrimonio. Por esta razón la castidad es un signo escatológico eminente de nuestra vida.

 

64.- ¿Cómo influye el voto de castidad en la vida común?
Esta total consagración de sí mismo a Dios ha de ser la
base para edificar la familia monástica. En esta familia de Dios la caridad común y la identidad de vocación aseguran el amor y la ayuda mutua de los diversos miembros. De una parte, cada uno debe sobrellevar con toda fidelidad las cargas de los demás, y por otra, todos participamos en las gracias y virtudes propias de cada uno. Así, abrazamos de modo eminente la vida comunitaria de salvación, que Dios mismo instituyó para el género humano en la Iglesia. Así Dios dilata nuestros corazones para que seamos capaces de amar a todos nuestros prójimos, y en primer lugar a nuestros hermanos/hermanas que conviven en el monasterio, con una caridad sincera y activa.

 

65.- ¿Qué respuesta damos a la Iglesia a través de nuestra profesión, tal como indica la Declaración?
Nuestra búsqueda constante de Dios en Cristo, se
arraiga en nuestra vocación, don de Dios. A través de ella, Cristo nos llama constantemente a ofrecer una respuesta llena de amor. Con nuestra profesión, según la Regla de san Benito, damos una respuesta permanente, poniendo toda nuestra vida al servicio de Cristo, al abrazar los consejos evangélicos de obediencia, pobreza y castidad. La Iglesia, recibe nuestra profesión y nosotros nos esforzamos por vivirla con alegría, según nos recomienda el Apóstol, y como recoge san Benito: Dios ama al que da con alegría.

 

66.- ¿Cómo consagramos nuestra vida a Dios y al servicio de la Iglesia?
El servicio de Cristo es y debe ser servicio de la
Iglesia, tanto por medio de la oración y de la penitencia, como por las diversas formas de apostolado. Aunque nuestra Orden goza del privilegio de la exención cada comunidad, tanto de derecho como de hecho, forma parte de la iglesia local, participa plenamente tanto de sus beneficios y de sus gracias, como de sus dificultades, de sus persecuciones y de sus tribulaciones. Por esta razón nuestros monasterios tienen la responsabilidad moral de socorrer, en cuanto sea posible, las necesidades de la Iglesia… de la forma que nos es propia… bajo la protección maternal de la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios y Patrona de la Orden.

 

67.- ¿En qué canon del Código de Derecho Canónico se define lo que es la vida consagrada por la profesión de los consejos evangélicos?
En el canon 573, que nos dice: que la vida consagrada
por la profesión de los consejos evangélicos es una forma estable de vivir en la cual los fieles, siguiendo más de cerca a Cristo bajo la acción del Espíritu Santo, se dedican totalmente a Dios como a su amor supremo, para que, entregados por un nuevo y peculiar título a su gloria, a la edificación de la Iglesia y a la salvación del mundo, consigan la perfección de la caridad en el servicio del Reino de Dios y, convertidos en signo preclaro en la Iglesia, prenuncien la gloria celestial.

 

68.- Según el Código de Derecho Canónico, ¿qué corresponde a la autoridad competente de la Iglesia, con respecto a la vida consagrada?
Corresponde a la autoridad competente de la Iglesia interpretar
los consejos evangélicos, regular con leyes su práctica y determinar mediante la aprobación canónica las formas estables de vivirlos, así como también cuidar por su parte de que los institutos crezcan y florezcan según el espíritu de sus fundadores y las sanas tradiciones.

 

69.- ¿Quién ha desarrollado de manera especial la teología de los votos en el siglo XX?
El Cardenal Urs von Baltasar. Los puntos principales
de la teología de la vida religiosa que él indica son:
-la primacía de Dios, que busca al hombre;
-la dinámica de la llamada, que viene de la fascinación
por la bondad de Dios;
-una espiritualidad encarnada;
-el papel de la misión: la persona consagrada es reflejo
de la imagen de Dios que ella muestra al mundo, de aquí la importancia de la meditación del misterio de la Transfiguración (Tabor) en la vida consagrada.

 

70.- ¿Qué respuesta dan los consejos evangélicos a los retos que nos plantea el mundo actual?
Frente a la codicia de los bienes, el ansia de placer y la
idolatría del poder, los consejos evangélicos de pobreza, castidad y servicio obediente se presentan al mundo como fuerzas liberadoras del individuo, haciendo que el consagrado, por su seguimiento del Señor, se abra al mundo para dirigirlo a Cristo, de tal manera que las realidades encuentren en Él el propio y auténtico significado.

 

71.- ¿Podemos hablar de los consejos evangélicos como camino de realización de la persona?
Ciertamente, los consejos evangélicos de castidad, pobreza
y obediencia, vividos por Cristo en la plenitud de su humanidad de hijo de Dios y abrazados por su amor, aparecen como un camino para la plena realización de la persona en oposición a la deshumanización, un potente antídoto a la contaminación del espíritu, de la vida, de la cultura; proclaman la libertad de los hijos de Dios, la alegría de vivir según las bienaventuranzas evangélicas.

 

72.- Los deseos de autenticidad, culto a la simplicidad y a la sinceridad ¿cómo se pueden compaginar con la Regla de S. Benito y con la tradición monástica?
Toda la Santa Regla cultiva un estilo de vida caracterizado
por la sencillez, autenticidad, y vivenciasincera de la fe. Todo esto se ha ido viviendo a lo largo de los siglos por los monjes, por lo que forma parte de nuestra tradición. Así pues, optamos por formas de vida sencilla capaces de expresar sinceramente lo que pensamos: es necesario que nuestras acciones revelen el estado interno del alma. Deseamos conocer el sentido de nuestros ritos y poner ‘nuestro espíritu concuerde con nuestra voz’ -según expresión de la RB. 19, 7, que recoge la Sacrosanctum Concilium-... Con el amor a la simplicidad nos sentimos estrechamente unidos al ideal de nuestros Padres Fundadores.

 

73.- ¿Puedes ilustrar la pregunta anterior con citas de pasajes de la Regla de San Benito y con los textos cistercienses?
- RB 20: sobre la actitud en la oración;
- RB 31,12: el mayordomo proceda en todo con
discreción;
- RB 33, 6: todo sea común;
- Capitula: XI. El vestido; XXIII. No tenemos rentas;
XXV. Lo permitido con respecto al oro, la plata, las joyas y la seda; XXVI Esculturas, pinturas y cruces de madera.
- Carta a los monjes de Saint-Jean d’Aulps de San
Bernardo.

 

74.- ¿Cómo vivieron nuestros Padres este ideal?
El deseo de una vida sencilla, pobre y auténtica,
impulsó a nuestros Padres a reformar la Liturgia y la manera de construir los edificios. Eliminaron la superfluitas y la curiositas en el espacio sagrado. Así, quisieron tener los textos auténticos para la oración y la meditación. También construyeron iglesias sencillas y solo se sirvieron de la arquitectura como elemento decorativo. No quisieron materiales demasiado preciosos, ni pinturas, ni vitrinas que pudieran distraer al monje de la oración. Los ornamentos litúrgicos y los vasos sagrados fueron muy simples: estaño o hierro. Los deseos de autenticidad, culto a la simplicidad y a la sinceridad también se reflejan en las construcciones cistercienses y tienen su valor en la actualidad para guiar las nuevas edificaciones y habilitaciones, haciendo que la misma estructura ya sea decoración de las mismas.

 

75.- ¿Podrías indicar las principales dependencias monásticas para la vida cisterciense?
En la construcción cisterciense vemos cómo se van
organizando alrededor del claustro las principales dependencias monásticas: iglesia, sacristía, sala capitular, armarium, escalera del dormitorio, locutorio, sala de los monjes, calefactorio, refectorio, cocina. Todo ello dentro del carácter simbólico y espiritual de nuestros antecesores cistercienses. En la actualidad, vemos cómo algunas de estas dependencias ya carecen de su razón de ser, debido, por ejemplo, a la reducción del número, cuando no extinción, de la figura de los hermanos conversos.

 

76.- Cita algunos monasterios de nuestra Orden que conserven en la actualidad la arquitectura típica cisterciense.
Austria: Heiligenkreuz, Zwettl.
España: Poblet, San Andrés de Arroyo.
Francia: Rieunette (iglesia), Sénanque.
Italia: Casamari, Chiaravalle della Colomba, Chiaravalle
Milanese.
República Checa: Osek, Vyšší Brod

 

77.- Localiza en estas plantas cistercienses las dependencias que citamos antes.

 

78.- ¿Qué simbología nos presenta el claustro cisterciense?
A través de diversos símbolos numéricos y figuras
geométricas, como el cuadrado, nos introduce en la simbología de la Jerusalén celestial.

 

79.- Cita las principales obras que pertenecen a nuestro patrimonio cisterciense más antiguo.
- Exordium Cistercii (Exordio de Cister).
- Exordium Parvum (Pequeño Exordio).
- Carta Caritatis (Carta de Caridad, con sus diferentes
ediciones: CC1, SCC, CC2).
- Capitula/Instituta Capituli Generalis.
- Eclesiástica Oficia.

 

80.- ¿En qué texto de nuestro Patrimonio cisterciense podemos encontrar la definición de nuestra Orden?
En las Constituciones de la Orden, elaboradas y aprobadas en el Capítulo General Especial del año
1968-69, que fueron revisadas y aprobadas por el Capítulo General del año 2000, en el que participaron los abades, abadesas y delegados-as de nuestra Orden.

 

81.- ¿Cómo se define nuestra Orden en este texto?
La Orden Cisterciense, que tiene su origen en el archicenobio de Cister, consta de Congregaciones monásticas
y de monasterios no pertenecientes a ninguna congregación, que están unidos en ella.

 

82.- ¿Podemos decir que la Declaración del Capítulo General sobre los elementos principales de la vida cisterciense actual forma parte del Derecho Cisterciense?
Sí, este texto que enuncia los elementos fundamentales
de la vida cisterciense actual, cuya primera redacción fue elaborada en los años 1968/1969, como resultado de una consulta realizada a todos los miembros de la Orden, en vistas a una adaptada renovación, y cuya última redacción fue aprobada por el Capítulo General del año 2000, figura entre los documentos del Derecho Cisterciense actual.

 

83.- ¿Qué Capítulo General ha redactado la Declaración y qué número ocupa en la cronología de los Capítulos Generales posteriores a la Revolución Francesa?
El Capítulo General especial de 1968/1969, nº 17
después de la Revolución Francesa.

 

84.- ¿Por qué ha sido escrita la Declaración?
Para proceder a una adaptada renovación de nuestra
Orden y en respuesta a la petición dirigida por Pablo VI a todas las Órdenes Religiosas, con el fin de que escriban sus Constituciones indicando en ellas los principales elementos teológicos y espirituales en que se basan.

 

85.- ¿Qué acontecimiento de la Iglesia le ha precedido?
El Concilio Vaticano II, celebrado en 4 sesiones,
fue abierto por el Papa Juan XXIII, el 11 de octubre de 1962, y clausurado por el Papa Pablo VI el 8 de diciembre del año 1965.

 

86.- ¿Por qué se le dio este título y qué importancia tiene hoy en día para las comunidades de la Orden Cisterciense?
Este documento lleva por título Declaración porque
quiere dar los principios teológicos y espirituales para una adecuada renovación de la Orden a los tiempos en los cuales vivimos, como supieron hacer los Fundadores del Nuevo Monasterio en el siglo XII y tuvieron el valor de seguir su ejemplo las generaciones siguientes. De aquí proviene su importancia en los tiempos actuales.

 

87.- ¿Qué otro documento de capital importancia para el patrimonio espiritual de la Orden, nos recuerdan las palabras con las que comienza el artículo primero de la Declaración?
El comienzo del Exordio Parvo: Nosotros, los primeros
fundadores de esta Iglesia, queremos, con el presente escrito, manifestar a nuestros sucesores cuán canónicamente y con qué autoridad tuvo principio el Cenobio, y, así mismo, de qué personas y en qué tiempos, y cuál fue su tenor de vida; a fin de que, divulgada sinceramente la verdad del hecho, amen y guarden con perseverancia el lugar y la observancia de la santa Regla que nosotros allí, por la gracia de Dios, hemos comenzado.

 

88.- ¿Puedes indicar cuáles son las fuentes de nuestra vida cisterciense, según lo que está escrito en la Declaración?
a) La palabra de Dios, principalmente la vida y la
doctrina de Cristo, según propone el Evangelio, y el Magisterio de la Iglesia, entre cuyos documentos se encuentra Perfectae Caritatis.
b) La tradición monástica.
c) La Regla de san Benito.
d) Las tradiciones cistercienses.
e) La participación y promoción de la vida actual de la
Iglesia y de la sociedad.
f) La acción e inspiración del Espíritu Santo.

 

89.- ¿Por qué motivos presentaron los redactores de la Declaración las fuentes de nuestra vida en este orden?
Porque siguieron un orden cronológico que parte
de la Escritura, fuente original del monacato, que se adapta a los tiempos actuales bajo la acción y la inspiración del Espíritu Santo.

 

90.- ¿Qué criterios han adoptado los capitulares que redactaron la Declaración?
a) El sentido de la realidad.
b) La unidad de vida.
c) Diversidad concorde.
d) Continuidad vital de las tradiciones cistercienses.

 

91.- ¿Qué sentido tiene la expresión continuidad vital de las tradiciones cistercienses?
Esta expresión significa que la vida cisterciense debe
ser la natural continuación y como la orgánica vivencia tanto de la tradición monástica en general como la de la cisterciense en particular... Sin embargo, no queremos que estas tradiciones nos restrinjan o impidan la solución de los problemas que la vida moderna plantea... La historia ha de ser para nosotros maestra de vida, no la señora o dominadora; ha de advertirnos e inspirarnos, pero nunca ha de ser un impedimento en nuestro camino.

 

92.- Cuando entramos en el noviciado, al ser interrogados sobre qué pedimos, respondemos:"la misericordia de Dios y de la Orden" ¿Podrías situarla geográficamente y decir cuál es su realidad social actualmente?
Nuestra Orden está formada, en efecto, por diversas
Congregaciones, diversos monasterios y por individuos, unidos entre sí por múltiples relaciones… Hoy existen monasterios cistercienses en Europa, en Asia, en África y en las dos Américas, en condiciones culturales y económicas muy diversas… la Orden tiene una diversidad geográfica, cultural, social y eclesiológica que constituye un estado de cosas muy complejo. También aparece una gran variedad en el género de vida existente en cada monasterio al que uno se siente llamado...

 

93.- Dentro de esta variedad de monasterios, ¿qué valores son los que provienen de la tradición común y que nos unen en el constante trabajo de renovación?
Estos valores son los siguientes:
a) los medios fundamentales de la vida religiosa;